
Desde su infortunada muerte, la pequeña Lenore ha vivido innumerables aventuras. Casi todas ellas se desarrollan en su propio hogar, una retorcida casa victoriana, o en un bosque lúgubre repleto de curiosos seres y animalillos cuyas relaciones con Lenore intentarán ser cordiales. También, encontramos algunas referencias a la ciudad en las que el lector puede ver perfectamente las dificultades de nuestra protagonista para seguir las normas de conducta típicas de una sociedad civilizada. Además, hay una abundante cantidad de aventuras en un parque infantil, donde Lenore va a compartir horas de juego con el resto de los niños. Huelga decir que estos chavales no volvieron a jugar nunca más... Sin embargo, la mayor parte del tiempo estará viviendo aventuras junto a alguno de sus amigos o poniendo en práctica alguna de sus rocambolescas ideas.
Un ejemplo de esto sería la historia en la que Lenore mata al Conejo de Pascua (icono de los niños de los EEUU donde los haya) y después, arrepentida, se viste de conejito e intenta suplir su papel. Este elemento infantil está muy presente en todas las aventuras de Lenore y en numerosas ocasiones presenta el vehículo perfecto para crear el efecto humorístico requerido. El autor juega con canciones populares infantiles, como la de Mother Leary , con sus rimas sencillas y temática fantástica pervirtiéndolas hasta llegar a transformarlas en pequeñas obritas cargadas de sádica ingenuidad.
Pero ésta sólo es una pequeña muestra del ingenio de la pequeña Lenore, otras tantas historias con monstruos de los sueños, bichos que comen materia muerta, demonios nazis, espíritus del mas allá, hadas, gnomos, etc., perduran en los actuales y futuros lectores como memorables.